En el árbol de la vida brilla
una fruta cincelada,
con la salvia de un subsuelo de color.
Y en distinta displicencia está la mata,
que en el suelo vive estéril sin valor,
cuya envidia lleva a
un odio sin piedad,
y queriendo ser no es, pero aún así,
necesita al árbol si
quiere vivir
y se agarra fuerte a él para subir,
y le clava mil puñales en su tronco.
Luego imita su vestir y en él se apoya,
y simula que es aquel árbol,
su avaricia, quiere ser lo que no es,
su avaricia, quiere ser lo que no es,
convertirse en el
tronco al que es infiel
su salvia purga, y a él se agarra y sin piedad
va trepando como puede hasta doler.
Luego agarra a sus hijos, los aplasta,
les enseña aquella
cara que ha calcado
de la obra natural del Dios del árbol,
su nariz cortó de bruja y su rostro se aplastó
para ser otra y no es.
Y después suplantó
su maquillaje
y en la feria de la tómbola,
como el árbol se exhibió.
Luego engaña al quien lo ama,
Y la mata que sin fruto
ni raíz es falso árbol
al amor de los demás
pisoteó .
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