El miedo siempre es terriblemente paralizante,
te sale desde la boca del estómago,
sube por la garganta
asfixiándote, tus hijos
atrapados por la
araña dominante
paralizados por sus
engañosas voces
y en la tela, sin remedio serán mordidos,
exprimidos, sorbidos hasta quedar secos
para ser comida, bienestar, democracia,
de alimañas
tejedoras.
La parálisis
es efecto del veneno,
del mal que corroe
antes de la muerte por sus agijones.
La única arma segura es que no te vean
y así echarles el cable que necesitan,
no sucumbir a su mal,
no mostrar tu intención.
Y así el miedo se transforma en impotencia,
en dolor, y en sensaciones de inutilidad
sobrepasando límites
humanos hasta
que empiezas a
enfermarte.
Te vuelves lánguida,
triste y no puedes
dejar de mirarlos, hasta
que al fin olvidas que haces ahí, olvidas la
tela de araña delante
que te atrapará,
y aún así sigues inmóvil. Son demasiadas
y mis hijos, tan
frágiles, tan indefensos
tan terrible es su destino como el tuyo fue y
ahora atada a un cable por los hijos que no ven
y te culpan por el dolor de sus punzones
y atrapados no te ven.
No hay comentarios:
Publicar un comentario