De cruce en timbal sin remedio
en el campo de fuegos se vieron,
delante enemigos sin
alma,
que buscan piedad sin piedad,
y les vencen o vencen batallas
en que tiemblan la
tierra y la mar.
Y vi la mano de
hombres
que inocentes se hacían llamar,
descargando su odio
en los otros
y cerrándoles sus fuertes cadenas
Y en desgracia te hacen caer,
O te encierran entre
mil documentos,
de invisible coartada
y puñal,
en que mano tras mano, sus juegos
te devuelven a la vida, ciegos,
por haberte clavado uno más.
Y después en la mente se cuelan,
donde el fuego se
encierra en lagunas
y los malos momentos se atan
a otros muchos, como hipnosis sin duelo.
En ese desastre universo
que a su vez se ha
limpiado su ser,
siembra y crea lo bueno, y se nutre,
pues le gusta amar y
creer
en los buenos, que te aman también.
Nace un mundo y renueva sus frutos
y la lid lo destruye otra vez.
¡Que inhumano ese el genio tenaz,
que con grandes esfuerzos trae vida,
y crea estructuras perfectas,
aunque sabe que las puede perder!
¡Oh! ¡Que belleza efímera
nace!
¡y que poco le dura a ese ser,
su alma en las manos de aquellos
que implacables pondrán al revés
y en caminos oscuros les pierden
y convierten en zombis también.
Antonia Valle.
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