lunes, 19 de junio de 2017

154.- El último día.


Ya fue el último día, 
el final en tiniebla
en que el bebé descansa 
la luz suave alcanza 
su placida cuna de nácar.

Última decisión
que deja sobre el agua,
capa de espuma blanca,
y mece, suave la ola,
que el verano alcanza.

La tarde que es fresca
de un sol penetrante, 
tardío y distante,
que ciega  al reflejo del mar.

Y verdes las algas se enredan,
en los pies descalzos,
mojando la falda,
sin vuelo en el agua.

Trepando del cuerpo
como una bancada
sin nido en su lecho,
que devuelva al sol
su blanco reflejo.

Como un día final
en juicio, que es vara
de medir moneda arañada,
en casas de otros.

Su perfil transforman,
en muros, sin armas,
en armas sin fe,
en fe sin escuela,
con peso en los pies,
con  ásperas manos,
y mudos los labios  
se van del revés.

¿Qué ojo el que mira?
¿Qué mano tendida?
¿Qué ruido en protesta?
¿Qué techo? ¿Qué puerta?

¡Qué alma vagando,
morando escondida!
¡Qué niños sin pan,
sin juguetes,  brazos,
sin ropa, comida,
sin techo y sin cama!

¡Qué padres llorando!
¡Forzada orfandad!
Y agrios sollozan los agrios
y dulces,
destilan borrachas las arcas
placer al revés,
tu ojo mirando impasible
al mundo caer.

A&V


martes, 13 de junio de 2017

153.- CAMPANA


Amores dormidos
en el pecho van
Subida de ola
en marea que hiela.
Corriente despierta  
de la mente quieta,
Creciente el amor
de la madreselva.

Caminante, en camino dormido,
que buscas y encuentras,
 no olvides mirar
al amor que despiertas.

No alejes tu sol
 no lleves tristezas,
 ya retumba el eco
 de las horas muertas.

Esperanza en vida
 de la madreselva,
que ruge al latido
de campanas  yermas,
que al viento se mueven
y el viento  transforma
en música lenta
y el aire le baila,
la envuelve,
la lleva, la mece,
 la limpia y la seca,
la ama y se queda
en el sitio quieta.

Quieras despertar
 y mirar muy cerca,
 la cara que ama,
la vida de cera,
que prenda el ovillo,
que saque las alas,
a volar la lleve
y el viento la meza.

Antonia Valle

domingo, 11 de junio de 2017

152.- EN LA TELA DE ARAÑA


El miedo siempre es terriblemente paralizante,
te sale desde la boca del estómago,
 sube por la garganta asfixiándote, tus hijos
 atrapados por la araña dominante
 paralizados por sus engañosas voces
y en la tela, sin remedio serán mordidos,
exprimidos, sorbidos hasta quedar secos
 para ser comida,  bienestar,  democracia,
 de alimañas tejedoras.
 La parálisis
 es efecto del veneno, del mal que corroe
antes de la muerte por sus agijones.
La única arma segura es que no te vean
y así echarles el cable que necesitan,
 no sucumbir a su mal, no mostrar tu intención.
Y así el miedo se transforma en impotencia,
en dolor, y en sensaciones de inutilidad
 sobrepasando límites humanos hasta
 que empiezas a enfermarte. 
  Te vuelves lánguida,
 triste y no puedes dejar de mirarlos, hasta
que al fin olvidas que haces ahí,  olvidas la
 tela de araña delante que te atrapará,
y aún así sigues inmóvil. Son demasiadas
 y mis hijos, tan frágiles, tan indefensos
tan terrible es su destino como el tuyo fue y
ahora atada a un cable por los hijos que no ven
y te culpan por el dolor de sus punzones 
y atrapados no te ven.