Ya fue el último día,
el final en tiniebla
en que el bebé descansa
la luz suave
alcanza
su placida cuna de
nácar.
Última decisión
que deja sobre el agua,
capa de espuma blanca,
y mece, suave la
ola,
que el verano alcanza.
La tarde que es fresca
de un sol penetrante,
tardío y distante,
que ciega al reflejo del mar.
Y verdes las algas se enredan,
en los pies descalzos,
mojando la falda,
sin vuelo en el agua.
Trepando del cuerpo
como una bancada
sin nido en su lecho,
que devuelva al sol
su blanco reflejo.
Como un día final
en juicio, que es vara
de medir moneda arañada,
en casas de otros.
Su perfil transforman,
en muros, sin armas,
en armas sin fe,
en fe sin escuela,
con peso en los pies,
con ásperas manos,
y mudos los labios
se van del revés.
¿Qué ojo el que mira?
¿Qué mano tendida?
¿Qué ruido en protesta?
¿Qué techo? ¿Qué puerta?
¡Qué alma vagando,
morando escondida!
¡Qué niños sin pan,
sin juguetes, brazos,
sin ropa, comida,
sin techo y sin cama!
¡Qué padres llorando!
¡Forzada orfandad!
Y agrios sollozan los agrios
y dulces,
destilan borrachas las arcas
placer al revés,
tu ojo mirando impasible
al mundo caer.
A&V
A&V