Se
recostó en el asiento posterior del coche. Su pelo caía encima del respaldar
del asiento, mientras el vaivén de la carretera la mecía en un suave adormecimiento solo interrumpido por el sonido de las voces de sus interlocutores. Una
discusión que no parecía tener nada que ver con su presencia,
mantenía una extraña agitación en el timbre de voz de los acompañantes que fue
subiendo a medida que iba avanzando el camino.
Una
cena demasiado lejos a su juicio, a la que extrañamente no había objetado su
marido, al que sentado detrás no había vuelto a ver desde que subió al recién estrenado vehículo de su estrepitoso cuñado, el cual mantenía un ritmo acompasado al volante.
Intentó
verle el rostro, sin conseguirlo, separada de él por la novia del hermano que ofrecía dificultad a la visión, moviéndose de un lado a otro con visible
insistencia cada vez que intentaba mirarlo consiguiendo aumentar su interés por verle la cara. Ante su persistencia, ella le ofreció su hombro cogiéndole un
mechón de pelo y susurrando la canción que sonaba de fondo y al oído muy flojito, le susurró.
-No estoy de acuerdo, ¡shhh!
La música cambió
bruscamente y aumentaron los decibelios.
-¿Hacemos el
cambio?
-¿Cambio? se dijo,
mirando alrededor ¿Qué os pasa?.
- Kiko, el amigo sentado en el asiento del acompañante, comenzó a hablarle en tono alto ocupando
su atención, mientras Coma movía el cuerpo como sí se colocase la
falda.
-¿quieres estar al
lado de él? ¿Quieres estar a su lado? ¿eh?-
le dijo su cuñado desde el volante.
-No importa, en serio - respondió.
-Sí, sí que
quieres. -El coche se paró en seco.
-Pero ¿a qué viene
esto? - dijo desconcertada. -En mitad de la carretera, parando el coche y estos
movimientos dentro, como si no pudiérais salir, no os entiendo ¿Qué pasa?
Un
desconocido ocupó el lugar del copiloto mientras su marido quedaba
en el asiento central trasero, justo a su lado.Del
frío asiento tras la otra ventanilla pasó a tener la cabeza en su hombro, sin
casi haberle mirado la cara.
-Susurro con voz
suave, casi imperceptible ¿besos? ¿Quieres besos? Y le besó insistentemente el
pelo acariciándole la cabeza nerviosamente.
-¿qué esta pasando
amor? Estás muy raro.
-Duerme, mejor duerme.
-Pero si vamos a
cenar ¿Porqué me dices que duerma?
- ¿Te gusta mi
perfume?- le acercó el cuello a la cara.
De repente se sintió muy agobiada, casi asfixiada. El seco aroma le produjo tanta tensión que un escalofrío le recorrió
la espalda, la que intentó levantar del asiento, sin conseguirlo. Tenía enormes dificultades para
mirar alrededor ante la fuerza descomunal que su marido parecía haber
desarrollado en un momento.
-No creas que esto me
resulta fácil. - dijo.
Su cabeza empezó a
tambalearse de un lado a otro cesando la presión. El coche volvió a parar y de
repente ya no estaban sus cuñados.
-Fran ¿Qué
pasa? No puedo moverme bien, me estoy mareando.
-Ya esta, esto no te
dolerá, sólo quiero hablar - con voz suave empezó a moverle la cabeza.
-Tu no eres él, ¿Quien eres?, el no tiene esta fuerza.
El coche avanzó por
una estrecha calle y pareció estamparlos ahora contra algo, como sí pisaran
escombros.
-¿Está dormida?
- No, no se dormirá.
-¿Qué pasa? Le dijo
el coopiloto con voz irónica.
-¿Qué pasa? Repitió
ella con voz acompasada. Tu no eres Fran.
-¿ahora lo ves? Bien,
no importa ¿Y tú? ¿Quien eres tú?
Intentó desasiese de las manos aprisionando sus muñecas.
- ¡No!, ¡Déjame!
- Me temo que sí.
¡Contesta! ¿Quién eres? ¿Acaso sabes quien eres?
-¿Qué te he hecho
dime? ¿Qué? – Dijo ella con dificultad, la fuerza le flaqueaba impidiéndole
moverse.
-¡Déjame!, ¡Déjame! Su
voz, cada vez más débil casi se le ahogaba entre los dientes.
-¿Como te llamas? –
Insistía su interlocutor- ¿Cómo?, ¿Lo
sabes? ¿Acaso lo sabes?
Un
cúmulo de imágenes comenzaron a agolparse en su cabeza, imágenes grises de
telarañas, de piedra vista, forcejeos, golpes, cintas de embalaje y cuerdas, en
una habitación lúgubre llena de años cerrados, vista desde distintos ángulos
como una oscura tumba. Imágenes confusas como las de un mal sueño pasado en
forma de diapositivas a enorme velocidad. Los golpes en el bajo del coche la
obligaban a mantenerse despierta.
-¡Rabia!, ¡me
llamo!
-¿cómo? La voz de su
interlocutor subió de manera exagerada. ¡Contesta! ¿Cuál es tu nombre? Dijo zarandeándola
con fuerza.
- ¡No! - La voz
se desgarró en su garganta provocando más gritos del improvisado.
-Déjala ya, antes de
que te arrepientas. -Dijo el conductor, parando en seco el coche.
-¿dónde estamos? ¿Qué
camino hemos hecho con el coche?
Tortazos
en la cara para despertar la potencia de la droga, que ahora empezaba a crujir
en su cabeza provocándole un sueño irremediable.
-¿eh? - Balbuceó.
Casi no pudo ya
abrir los ojos. La risa de fondo de los ocupantes del vehículo con la música
apagada continuó tras el seco parón.
-¡Hemos bajado una
escalera! - Carcajadas.
El sueño la invadió
ahora, volviendo su tono muscular tan pesado que dejo de ofrecer resistencia, rindiéndose.
Antonia Valle.