martes, 24 de marzo de 2020

163- EL ARBOL


Yo soy la vida doliendo.
El árbol dijo a las nubes,
 hoy no sentís,
 pues oigo el aire que pasa
y es limpio su aliento en mí
y me mueven las hojas  sin llanto
 y la nube contesta ¡Ay de mí!

¿ay de mi?
Si, ¡Ay de mi!
 Pues me veo envuelta en tu aire,
 y me lleva a lugares de nadie,
y me aparta de la gente que amo
y me sopla y me envuelve y me enfría,
me calienta y me hace llover.

Pero el viento contesta.
Sin nombre de colores distintos, 
filtrados
de sabores y amores de otros,
de tormentas de tu vientre mojado,
y en salitre de la mar atado,
¡yo si soy marioneta en el mundo!
¡ yo si soy  de verdad desgraciado!

Y se mueven las hojas del árbol
que quieto no se atreve a mirar,
y recoge su salvia y no enseña,
los amores que en cuerpo la gente
se juraban un momento  a puñal,

Ni contesta al viento que aleja,
el llanto de la nube y su ausencia
las raíces de sus pies ha secado.
¡Y se duerme en su alma de árbol!
Y enmudece por siempre en su hábito,
soñando elevarse y volar,
convertirse en amores mojados
y en la nube que sobre sus alas,
se desplaza y se va levitando.

Sueña el árbol con los hijos que fueron, 
vecinos en casa de al lado,
y llevaron por fruta a otro sitio,
y a su lado jamás regresaron.
 Piensa el árbol ¡soledad por siempre!
¡Por ser grande mis pies han atado!

162- LOS ZOMBIS



  
De cruce en timbal sin remedio
en el campo de fuegos se vieron,
delante enemigos sin alma,
que buscan  piedad sin piedad,
y les vencen o vencen batallas
en que tiemblan  la tierra y la mar.

Y vi   la mano de hombres  
que inocentes se hacían llamar,
descargando su odio en los otros
y cerrándoles  sus fuertes cadenas  

Y en desgracia te hacen caer,  
O  te encierran entre mil documentos,
de invisible coartada y puñal,
en que mano tras mano, sus juegos  
te devuelven a la vida, ciegos,
por haberte clavado uno más.

Y después en la mente se cuelan,
donde el fuego se encierra en lagunas 
y los malos momentos se atan
a otros muchos, como hipnosis sin duelo.

En ese desastre universo
que a su vez  se ha limpiado su ser,
siembra y crea lo bueno, y se nutre,
pues  le gusta amar y creer
en los buenos, que te aman también.
Nace un mundo y renueva sus frutos
y la lid lo destruye otra vez.

¡Que inhumano ese el genio  tenaz,
que con grandes esfuerzos trae vida,
y crea estructuras perfectas,
aunque sabe que las puede perder!

¡Oh! ¡Que belleza efímera  nace!
¡y que poco le dura a ese ser,
su alma en las manos de aquellos
que implacables pondrán al revés
y en caminos oscuros les pierden
y convierten en zombis también.

Antonia Valle.