Yo soy la vida doliendo.
El árbol dijo a las nubes,
hoy no sentís,
pues oigo el aire que
pasa
y es limpio su aliento en mí
y me mueven las hojas
sin llanto
y la nube contesta ¡Ay
de mí!
¿ay de mi?
Si, ¡Ay de mi!
Pues me veo envuelta
en tu aire,
y me lleva a lugares
de nadie,
y me aparta de la gente que amo
y me sopla y me envuelve y me enfría,
me calienta y me hace llover.
Pero el viento contesta.
Sin nombre de colores distintos,
filtrados
de sabores y amores de otros,
de tormentas de tu vientre mojado,
y en salitre de la mar atado,
¡yo si soy marioneta en el mundo!
¡ yo si soy de verdad desgraciado!
Y se mueven las hojas del árbol
que quieto no se atreve a mirar,
y recoge su salvia y no enseña,
los amores que en
cuerpo la gente
se juraban un momento
a puñal,
Ni contesta al viento que aleja,
el llanto de la nube y su ausencia
las raíces de sus pies ha secado.
¡Y se duerme en su alma de árbol!
Y enmudece por siempre en su hábito,
soñando elevarse y volar,
convertirse en amores mojados
y en la nube que sobre sus alas,
se desplaza y se va levitando.
Sueña el árbol con los hijos que fueron,
vecinos en
casa de al lado,
y llevaron por fruta a otro sitio,
y a su lado jamás regresaron.
Piensa el árbol ¡soledad
por siempre!
¡Por ser grande mis pies han atado!