MUJER
Yo que soy mujer de hoy
y olvido del amor la
desventura,
cuanta pasión, cuanta
dulzura en el amor.
HOMBRE
Por amor perdí el papel,
del corazón, salió el tigre
de la cabeza y una cruzada,
amarga, vida de las no palabras,
que suenan grandes, con la mirada.
Los hechos hoy aquí,
un sin vivir,
culpa y desórden
del pensamiento y del toque,
del pensamiento y del toque,
toque en mis sentimientos al verte ahí.
Y cada día la más hermosa, la más esbelta,
y cada día la luz te llevas, en mi luna.
Como tesoros en mi memoria,
van palabras, lentas,
de las que hablamos
como en un disco las
rememoro,
y el olvido, el sino, en perversa idea
que persevera, realizo
el placer tirano,
que con la ayuda
del viejo lobo,
que está encerrado,
atado, acongojado,
buscando presa,
armando dientes,
desvaneciendo presas,
acongojando presas,
presa del lobo atado,
fuera de su cimiento por efectos,
perdí el atino,
también tu amor.
Y en tu ventana la madre, la hija, la hermana,
la mirada desesperanzada,
en lucha, en duelo,
salvando amargos,
rozando lenta los listones
que a los listos
entregaron al vicio
y en su nombre hundieron en el lodo
al lobo, al bueno, al
generoso, al avaro,
al codicioso, al feo y
al envenenado y en su casta.
Y envenenando voy los rencores,
en otros ojos los
recojo y los adoro,
en ausencia de ti, a la que más quise,
en ausencia de ti, a la que más quise,
la insustituible,
la madre de los hijos
que no fueron,
los que no tuviste,
a los que amo, en áspera memoria
y olvidando mis prejuicios, para disculparme
me enredo en los
peores de los vicios
y mujeres,
las duras y las blandas,
las hago mías
la alcohólicas, las de poca fé,
las de carne
las que están solo por la noche
y es de día.
Y en mi ventana el cristal, por lavar,
húmeda mi mente va a la húmeda
también ,
la calzada, la pisoteada
la calzada, la pisoteada
por los pies de media noche
y de vueltas con
alcohol a mi escondite,
que gira a la mirada en la ventana
y gira, y a tu imagen, que en mi cabecera
ya por siempre guardará mi cama.
En mi sentimiento
mi introspecto lucha en mí,
me combate a diario a decirte
¡perdóname! Yo no soy así.
Yo no mancillé a mujer alguna
antes que a ti. Mis
sentidos di
por defenderlas, por
levantarlas,
yo no humillo, no degrado,
yo no asusto al
caído.
Y de enojado a la mente rota,
rota la palabra por
las manos
del cobarde,
del elegido a la pesadilla,
del elegido a la pesadilla,
tu pesadilla,
la que no tiene retorno
la que no tiene retorno
la que bala sin balada,
la ofendida y eterna enojada,
que por siempre ya serás.
Y hoy aquí.
Y más allá en los caminos
corre el viento frío
de tu mirada
que se aleja una vez más, que toca
al que la mira enfría y queda
como cándido ángel de suspiro,
pero toca en el corazón, pero no se toca.
Y se aleja por
siempre tu imagen
que en mi cabecera ya
por siempre
guardará mi cama.
Y te deseo y esta noche,
no quiero llorar, por
si te veo.
MUJER
Yo, mujer de los sentidos rotos
y empapados en el avaro
que amigo finge
que suena sus palmadas
en mis oídos,
que rompe la mirada de las noches
en sábana enredada
de blanco terciopelo,
de mortal trampa,
atándola a mis manos y a mis sueños,
mi vientre y mis sentimientos
que se rompe
y que pierde sus papeles junto a mí,
que se va y me deja
distinta,
agria, triste, rota,
otra mujer,
rota, agria, triste y loca.
Antonia Valle
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