sábado, 19 de diciembre de 2015

145.- VIENTOS DE MARES ALZADOS


 De vientos de mares alzados
señalado con horrores  y brechas,
con tibiezas de la luna llena
va el demonio de Dante danzando.

En el claro de luna se oyen
las canciones de un tiempo remoto
desatando las mentes cruzadas 
con  sentido veraz en su paso.

Objetivo, mil flores marchitas,
avivar a su paso el aliento,
objetivo, regalar  un beso
a los ojos que pierdan color.

Y en el beso de armas pasado,
dejé el alma al destaparlo.
Si me voy, si me avisas, te llevo,
con un manto dorado hasta el mar.

En el centro que vida apunta
de esa puerta que gira hacia un lado 
sin retorno, sin luz de salida
siguen altas las alas volando.

Y me bato en inservible tabla
de sinfín de infernales jugadas,
en el juego que insanos quehaceres
a las flores rompieron los tallos.

Y ennoblezco las mil margaritas
coronadas en llanto a su paso
y enaltecen las vanas heridas
que al no hacerse debieron sanar. 

Enjugando los blancos pañuelos
que debieran blandirse a la paz,
enjugando en la mano mojada
esas lágrimas, que el pañuelo no da.

A la luna se van las miradas
simulando que la vida perdura
descansa el dolor sobre ausencias,
que desgarran, sean  del  norte o del sur.


No calienta un hogar sin motor
ni derrama viveza el capricho,
no regalan ni calma ni vida,
los errores de  banales destinos.

Ni un banal sentimiento explotado
devuelve  la vida al vencido,
ni sus flores recuperan color,
ni sus ojos derraman amor.

Y con las flores marchitas
se marchitan también las heridas
y se alejan en el paso
del amor y el dolor por la vida.

Los que quedan, manos puras,
en alzada hacia el cielo se miran
en arrullos de mareas a los ojos,
cruzan dedos de paz infinita.

A&V

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