miércoles, 14 de octubre de 2015

146- CUANDO SEPAS AMAR

 146- CUANDO SEPAS AMAR

Amistad, que presumo verdad
que habita en las miradas tiernas,
tierno aliento que las manos  enlazan,
para hablar de las cosas bonitas
que se ven con la tarde al  pasar.

En el campo con luz de verano
observando el ponerse del sol ,
a  las aves pasando en su vuelo,
a los grillos gritando a la noche
y las mentes aladas  al cielo.

Y la vida mayor nos falló,
con consejos de amantes de otros,
con haberes en despensas mojadas,
con saberes de turbadas mentes
y rencores de ajenas miradas.

Los terceros que metió la vida,
 los primeros que el poder sugirió,
los quehaceres de la vieja choza,
los deberes del buen corazón,
y los últimos que van al montón.  

Avistando los mares de en medio,
en mitad del naufragio en los días
 tiburones, con su aleta rozando,
 sujetando el cordel de la vida,
a tenazas a la orilla me agarro.

En el vívido manto a color
de la tierra, con las trampas del día,
 tropiezo al pasar de los años,
que con paso de mujer se esquivan
y con agua del vestido se van.

Con el paso del tiempo te miro
y lejanas las tardes que unieron,
 las palabras a los hechos pasaron
y el  vestido a girones por capricho
 de la tela mojada cortaron.

Tropezones que encajo sin miedo
 intentando no perder el suelo.
Y descanso y me olvido de sombras
 de un crucero, que fue y que no fue
sino un mar con su viento y veneno.

Desde lejos te vi siempre fijo,
en mirada aparente y sonrisa
al pisar terciopelo y en mano
que se fija, cual moneda en un vaso
de mentira en cristal se ha colado.

Apartando a la gente que amo
y dejándome sola en la vida
otra vez  el cobarde destino,
la botella en el mar que de nuevo
el mensaje de tu mano  me tira.

¿Viejo amigo? Hoy si vienes contento
mira al cielo y pregunta en el puerto,
si es serio el camino que sigues
y si no lo descubres, si piensas,
cuando sepas amar, no te enseño.
  
En la roca el tiempo ha pasado,
la erosión se comió los punzones
 y salieron del lecho las algas
de otras trampas, metidas a clavo,
agitadas por las olas en vano.

Me pregunto ¿donde están los progresos?
¿donde están los tesoros ocultos?
¿donde están los barquitos de plata?
me pregunto ¿cuánto tiempo he contado
con el aire de palacios sin techos?

Si me importa, me pregunto,
cuándo sepas amar, si me fío
¿no será la corriente quien me mire
cuando cuente las canas a cientos?
 Cuando sepas amar, si me espero.

Antonia Valle. 

viernes, 9 de octubre de 2015

145- TU QUE SABES A SAL

145- TU QUE SABES A SAL

Tu. Tu que sabes a sal,  
que el camino te trae 
del desierto la mar  
y  consumes la vida con deseo.    

Tu, tu, indescriptible
 aroma de templanza 
 del olor  de la espera,
que viene, que se espera.
Del carmín de camisas
 que has fingido lavar,
del reposo que a alguien
oportuno has brindado
ofreciendo tu hombro
a un  pelo alborotado,
con frialdad  en la mente
escarcha en la mirada,
cliente de mujer con poca ropa.
    
Hoy nos hemos cruzado  e inocente  
tu rostro no he mirado y tu perfume  
mi sentido ha nublado,
y hablando me descubres
la sonrisa del mago.  

Ya vienen los recuerdos,
 de noches, de promesas,
 no cesan los deseos
de un amor verdadero
anhelos, solo anhelos.

Tú que caminas lento
con veloz sentimiento,
te finges verdadero
galán y aventurero.

Marchas entre la gente
con alardes de suerte,
despistado me vienes
a pedir sin llorar;
la billetera en mano,
que me intenta comprar,
jugando entre hombre sano,
y rico postulado que en su hombría
Cenicienta ha encontrado.
Con papá de camisa, guantes blancos,
con corbata y chaqué,
que no escuchó tus cuentos infantiles
y omite los consejos,
los cambió por dinero, sin amigos
y te enseñó a ser él.

Buscas comprar tus besos con dinero,
un cuerpo que te arrope,
en noches que vendrán, de medias lunas.
Y vienen, las descubro y en mi magia  
las dagas ya se clavan y me muerden
me asustan y me atrapan
con las cuerdas que atan mis muñecas
y gorilas que atrapan cenicientas
con el  perfume de mi inocente piel
con miradas de arena y duros puños,
cristales de papel.

Ya escapo, ya corro y voy
abrumada, acosada,
tropezando, asustada,
espantada, acorralada.
Corro,  me fugo del lugar,
y voy como ave sin corral,
que huye de un truhán
y tú, cual cobarde galán
te quedas mis zapatos bajo el brazo.
Corro y no miro atrás.
Descalza por las calles de tu amor
y ahora con los pies en el dolor,
las nauseas me repiten al pensar
el moho de tu círculo encubierto,
en asiento de blanca oscura piel
de tu coche de lujo  nacarado,
la inocencia en mi mente se perdió
en tu aparente y agradable olor.

Corro y no miro atrás.
Huyo a salvo me voy
por las calles plagadas de la gente
que parece sentir mi vendaval
y con fuegos cruzados
me cruzo en mi escapada,
sin pensar, sin volverme,
sin dolor ni agujeros,
desprecio tu desdén,
y me sigues detrás.

Al cruce de una calle
en duelo de miradas que se espían,
se baten en un duelo de bandadas,
y ruedan por los suelos,
las tupidas miradas
se nublan en la noche de saeta.

Y la calle  cruzo sin pensar
que  la gente se va,
que el fuego les asusta,
la calle se vacía
y suenan los disparos
y brillan los casquillos a su paso,
quebrando los cristales a balazos,
tres partes en conflicto,
agentes vigilando,
confluencias de calles y en el medio
yo de ti escapando.  

Rápida y sin zapatos
mi pierna sube y baja y les atiza,
se desparraman balas
y se fugan los malos
después de tres trallazos, me agazapo,
desde el suelo contemplo mis zapatos,
caídos de tu mano, al lado de tu charco,
y tus rodillas,
los grises pantalones de tu pánico
de orina se han mojado.

Ahora veo tu miedo,
el sable con que juegas se ha doblado
y tu mano ha soltado.
Ahora siento el peso de mi peso,
mi mirada se expande y no se quiebra,
no se esconde a las balas,
no lloro ante la muerte,
no tiembla mi muñeca,
no vacila mi mente,
no escondo la existencia,
en  estrías de otros,
ni en esfínteres flojos,
no resbalo en el suelo
cuando se acerca el lobo.

Resalto mi valía en tu desmayo,
me quejo de saberme vencedora
de la mano que aplasta la deshora,
me alargo y me protejo,
me regalo el aliento de mi estima
y alejo la ambulancia de tus nervios,
a la calle mojada que resbala.
Hoy vuelco mi cabeza en mi montaña
mi estrella en un destello cruza el cielo,
hoy me voy y ahora ya
me alejo y no te veo
y pienso, sin volver atrás la vista

¡Adiós muchacho feo!
Antonia Valle